Este taller propone un espacio de aprendizaje creativo a través de juegos teatrales, dentro de los cuales la expresión se organiza, adquiere un marco, y produce una nueva forma de juego. Esta nueva forma abarca el jugar con uno mismo, el jugar con otros, y añade el jugar para otros, que es lo específico del teatro.
Un taller de teatro para niños debe ser fundamentalmente un espacio de descubrimientos. No se trata de enfrentar al niño a situaciones desconocidas para él, sino más bien, abordar situaciones que él ya conoce, pero enfocándolas desde otros puntos de vista.
Este taller propone un abordaje a través del registro humorístico, delirante, absurdo, al cual generalmente los niños están mucho más habituados que los adultos. Se trata de habilitar una suerte de permiso para jugar a reírse y a hacer reír, para imitar situaciones de la vida cotidiana pero tal vez imaginándose en distintos roles, o llevándolas al límite de lo real, y también para traer situaciones imposibles a la realidad. Se abre el juego a partir de la consigna del “todo es posible”, y desde allí partimos a buscar lo que nos divierte y puede divertir a otros.
La propuesta de este taller comprende los siguientes puntos:
*Juegos de calentamiento:
Son los que inician cada clase. Se trata de un momento de reunión, donde se apunta a una cierta concentración. Esto qué quiere decir? Quiere decir que todos los que vamos a participar de la clase nos sentamos en ronda (o nos quedamos parados) y nos empezamos a mirar, o a interactuar de algún modo según el juego. Es un momento importante ya que, más allá de cuál sea el juego de la ocasión, se empieza a generar un código común del grupo, y también suele aflojar nerviosismos y timideces. Cuando jugamos empezamos a conocernos, a generar camaradería y, fundamentalmente, nos divertimos.
*Juegos de reconocimiento (auto-reconocimiento, reconocimiento del espacio, los objetos, el vestuario; y reconocimiento grupal):
Este punto corresponde a otro importante lugar de partida: en el teatro NADA es necesariamente lo que parece. Una caja de cartón puede ser una computadora, y una computadora puede ser un androide, y el androide puede ser una sombra. Uno mismo, representando a un personaje, deja de algún modo de ser uno mismo, y el compañero de al lado de pronto puede ser el androide!
La idea de estos trabajos es empezar a percibir de un modo diferente al cotidiano, y, una vez más, abrir el juego. Por ejemplo: se elige un objeto y se va pasando de mano en mano en la ronda. Cada uno le asigna al objeto una “nueva identidad”; así un sombrero puede ser una pelela, una olla, una panza de embarazada, una torta, etc.
Otro ejemplo: se trabaja de a dos. En cada dúo, uno de los dos inventa una forma con su cuerpo. EL otro le pone un nombre, o decide qué objeto es, y se transforma en el vendedor de esa invención.
*Juegos de aventura:
Se trata de una suerte de improvisación guiada, en la cual, según el tema de cada ocasión, cada uno adopta un rol y se empieza a desarrollar una situación equis, que siempre abarca el inicio, el desarrollo y el final de una aventura. Se plantea una situación de “equipo” que debe resolver una determinada cosa, y la docente interactúa representando a los personajes que irán llevando al “equipo” hacia su objetivo, o poniéndoles obstáculos.
*Improvisaciones:
Este punto abarca un enorme abanico de posibilidades, que varían según la edad del grupo y el momento del proceso en que se encuentra el taller.
Al comienzo se realizan improvisaciones a partir de consignas muy claras, por ejemplo: un personaje entra a escena y debe responder las preguntas del público, como si diera una conferencia de prensa. O, un personaje entra a escena y nos muestra una habilidad.
También se trabaja de a dos, tres, o más, teniendo, como en la aventura, un objetivo a cumplir y una dificultad dada por la docente. Los personajes deben sortear esa dificultad en escena y cumplir su objetivo. Por ejemplo: dos personajes están de invitados en la casa de alguien muy importante, y no bien los dejan solos, se les rompe un jarrón. El objetivo será disimular lo mejor posible la rotura del jarrón, o bien arreglarlo, de tal modo que el dueño de casa no se de cuenta.
Las dinámicas de improvisación van variando, pero fundamentalmente apuntan a la posibilidad de estar atentos, adaptarse a lo que sea que suceda, y contar “algo” que “estamos inventando en el momento”.
Básicamente, el taller se compone de estos elementos.
Se propone, asimismo, el armado de una muestra al final del proceso, pero teniendo como base lo que se ha trabajado durante todo el ciclo. Es decir, la muestra no es un objetivo más del taller, sino el resultado de un proceso de aprendizaje, y, por supuesto, el momento donde de algún modo se cierra el círculo: el encuentro con el público.